Había una vez en… Parque Toreo

 

 

Por: Fernanda Zuñiga

Fecha: 12 de agosto de 2019

Nadie sabía qué es lo que iba a pasar. La incertidumbre, decepción, tristeza y un poco de
caos, fueron algunas de las emociones expresadas el día 11 de agosto ante un tweet por
parte de la cuenta de Sony Pictures México, revelando en 252 caracteres la noticia que
debido a circunstancias ajenas, Quentin Tarantino no podría hacer acto de presencia en la
ya programada alfombra roja de su novena película Había una vez en… Hollywood pero
dejando en claro que lo programado seguiría en pie, contando con la presencia del actor
Brad Pitt.

Lugar: Plaza Parque Toreo, a las 4:30 de la tarde.

El estacionamiento se presentaba ante los vehículos que iban llegando como un lunes
cualquiera. En él, se ocupaban la mayoría de los cajones de estacionamiento pero no en la
cantidad que se espera para poder pensar que en ese lugar dos horas después se llevaría a
cabo una alfombra roja.
Las escaleras llevaban consigo uno que otro godín que había salido a comer, una mamá que
regañaba a los niños mientras revisaba su teléfono y el típico adolescente con audífonos en
los oídos. Todo marchaba con normalidad. De pronto, un sonido ajeno a la plaza se
escuchaba a lo lejos. Música a todo volumen y murmullos empezaban a llenar el ambiente,
incitando a cualquiera que lo escuchase a seguirlo y averiguar en él lo que escondía. Las
escaleras eléctricas se terminaron y lo que antes era ocupado como el espacio central de la
plaza, donde se podía observar una fuente, sólo había un gran escenario, gradas, luces,
camarógrafos y una fila alrededor de ella. Sí, en ese momento la plaza Parque Toreo se
había convertido en un recinto que acobijaría a todos aquellos “fans” desilusionados por el
vacío que su director Quentin Tarantino había dejado; pero con la esperanza de poder

conseguir un autógrafo, foto, historia de Instagram o lo que fuese que les recodara ese día.
Al mismo tiempo, se encontraban señoras emocionadas de poder conocer al “guapetón del
Brad Pitt”, ellas eran las que gritaban y empujaban con más energía para poder obtener un
mejor lugar.

La programación de la alfombra roja tenía hora de inicio a las 7 de la noche, todos creían
que por ser México, iniciaría 15 o 20 minutos después pero no fue así. A las 6:45 de la
noche Carla Medina, quien fue la maestra de ceremonias, anunció la llegada del actor Brad
Pitt al recinto. La gente enloqueció, gritó y saltó con tanta euforia mientras el actor bajaba
lenta y angelicalmente en las escaleras eléctricas que se encontraban a un lado de la
alfombra. Los celulares emanaron desde los bolsillos de las personas hasta llegar a lo más
alto que su cuerpo les permitiese; los empujones no faltaron y el sudor individual se volvió
colectivo.

La maestra de ceremonias había mencionado con anterioridad que el actor le gustaba
dedicar tiempo a sus “fans” y lo demostraba con cada selfie, video o autógrafo que le
pedían. Al principio todo mundo estaba escéptico a que eso pasara pero cuando se dieron
cuenta que en verdad era así y que se tomaba su tiempo, muchos descansaban un poco las
piernas, bajaban los brazos y se ponían a platicar sobre las posibilidades que existían de que
tuvieran la esencia de Brad en algo físico como un autógrafo o digital; una foto.

Mientras avanzaba por la alfombra, se le entregaron cartas, banderas e incluso un sombrero
de charro como recuerdo de su corta estancia en México. Los cuales los recibió con mucho
afecto. Sonreía en todo momento y no expresaba señales de cansancio aunque ya estuviera
largo tiempo posando ante cualquier dispositivo con cámara y firmando lo que fuese que las
personas le mostraran, así durante una hora.

En conclusión, el fervor mexicano hacia Brad Pitt estuvo presente y lo acogió con su
genuina singularidad. Al final sólo mandó besos, posó para unas últimas fotos y como llegó
se fue, subiendo lenta y angelicalmente en las escaleras eléctricas.