Ya No Estoy Aquí

Por Joaquín Céspedes

11 de noviembre del 2019

Ya No Estoy Aquí

Por Joaquín Céspedes

11 de noviembre del 2019

Ya no estoy aquí relata la vida de un joven llamado Ulises, perteneciente a una pandilla de “Kolombias” (subcultura mexicana que reproduce la identidad del vallenato colombiano) en los suburbios de la ciudad de Monterrey. Debido a un encuentro con el narcotráfico, Ulises, se ve forzado a cruzar la frontera y tratar de ganarse la vida en Nueva York.

La película fue la ganadora del “Ojo al largometraje mexicano”— el mayor premio del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM)— es un filme que muestra lo complicada que es la vida en las zonas marginadas de las grandes urbes y como las subculturas se han ido desvaneciendo debido al impacto que tiene el narcotráfico en estas localidades de la nación.

El director y guionista Fernando Frías de la Parra hace un excelente trabajo de dirección al sumergirte en el corazón de la ciudad de Monterrey y mostrarnos como es el día a día de las pandillas en México, y cómo poco a poco se han vuelto obsoletas. Este mundo olvidado de las subculturas se ha visto afectado directamente por el narcotráfico. A su vez, nos plasma cómo los jóvenes han dejado sus pasiones y optan por la vía más fácil de obtener dinero: el narco. En la película esto queda claro y deja al observador con un sentimiento de angustia y desesperación, al saber que no son muchas las alternativas de los jóvenes para salir del mundo donde viven.

En cuestiones del guión, Frías expresa el lenguaje cotidiano de los pandilleros, usando lenguaje y acento específico de la zona. Es un lenguaje vulgar y tradicional del mexicano que encuadra perfecto con el ambiente en el cual viven estos jóvenes. Plasmar este léxico en una película requiere de un trabajo de investigación y observación muy exhaustivo.

La realidad de los jóvenes con bajos ingresos es muy cruel y la película lo refleja de manera perfecta, ya que Ulises, al cruzar la frontera se encuentra en una situación peor o igual a la que se enfrentaba en su barrio. Él busca trabajo, pero sus limitaciones lingüísticas no le permiten prosperar. Dentro de tanta frustración y falta de oportunidades, regresa a su ciudad de origen. En su regreso nota que ya no es igual a como era antes, su pandilla se ha desintegrado y algunos de los integrantes ya son parte de grupos de crimen organizado.

En cuestiones técnicas de fotografía y sonido, las cumbias o vallenatos, llenan a la película de emoción y diversión, que dentro de donde viven estos jóvenes pandilleros. La música es lo que los aleja de su realidad y pueden disfrutar de los bailes organizados por los grupos sonideros de Kolombias. La fotografía de Damián García que se especializa en reflejar las crudas realidades y como se puede ver en otras producciones suyas (Museo, Desierto y Narcos: México)nos muestra cómo son estas colonias en México donde las casas son de cemento y techos de lámina, todas iguales, y que por la zona se pasean los narcos con sus pick-ups, intimidando y posicionándose como los jefes de la zona. En el otro lado de la frontera cuando Ulises se encuentra en Nueva York, Damián también muestra de forma vívida como es la vida de los migrantes, los cuales viven dentro de departamentos pequeños, que día a día van buscando la manera de ganarse la vida.

La película nos lleva a una reflexión social sobre las cosas cotidianas que suceden en nuestro país y que desde un punto privilegiado lo podemos ver como algo lejano, pero esto pasa a diario en nuestra nación. Ya no estoy aquí, es una película extraordinaria que explora y se sale de lo convencional, evitando elogiar o enaltecer al narcotraficante. Es un acercamiento a las subculturas mexicanas que muestra las realidades de los mexicanos en situaciones vulnerables. Es también un tributo a la música, específicamente a las cumbias vallenatas y a una subcultura que ha desaparecido a lo largo de los años.