Abro los ojos.

El techo es gris. Como si nunca hubiesen tenido tiempo o el dinero para pintarlo. Siento el cuerpo pesado, como si estuviese lleno de arena. Trato de levantarme. Por alguna razón, sólo puedo mover los dedos de mis manos; el resto parece ajeno a mis órdenes. No me queda de otra que seguir viendo el cielorraso. De alguna manera, empiezo a acostumbrarme a despertar en sitios que desconozco; aunque debo de confesar que este tiene algo que me resulta vagamente familiar. La escasez de luz, el aspecto de obra negra…

Poco a poco voy ganando control sobre mis extremidades. Primero los brazos, luego las piernas. Me levanto sobre mis codos no sin cierta dificultad, y miro a mi alrededor. Un sillón y mi cama, rodeada de mil aparatos, son todo lo que hay. Noto movimiento con el rabillo de mi ojo derecho, y dirijo mi mirada en dirección del sillón. Me doy cuenta de que lo que inicialmente creí una pila de ropa resulta ser una persona que estaba dormida y ha comenzado a despertarse. Una mata de cabellos negros y unos ojos grises y turbios se asoman por debajo de la tela.

Will se levanta rápidamente y se acerca al borde de la cama, sin tocarla. Simplemente se queda ahí, parado.

– Hola – dice con un intento de sonrisa.

– Hola – le contesto.

– ¿Cómo te sientes? ¿Recuerdas algo después de la operación?

Conocía a Will desde hacía años. Era perfectamente capaz de mantener la calma en cualquier situación que así lo requiriera. Pero su voz en es este momento tiembla como sólo la escuché temblar cuando mataron a su abuelo. Algo andaba mal.

– Will, ¿qué ocurre? ¿Dónde estamos? – en ese momento pienso en la pregunta más importante de todas – Will, ¿dónde está Jasper?

Jasper era apenas un crío cuando cruzamos caminos por primera vez. Lo había encontrado en medio de una redada tras uno de los múltiples ataques de los kreel hacia aldeas humanas que habían comenzado a tomar lugar desde hacía un par de años, después de la Sobrescritura. Cuando los kreel pasaron de ser cuerpos del orden público a los asesinos despiadados bajo el mando de Oblivion Corps.

Lo había encontrado agarrándose al cuerpo de su mamá, con lágrimas y mocos en la cara diciéndole que despertara porque habíamos llegado a salvarlos. Nunca olvidaré aquellos gritos mientras lo separé de ella por la fuerza. Incluso estando muerta, podría jurar que los ojos de ella decían “Gracias” mientras nos alejábamos. Jasper tenía los mismos ojos de su madre. No dijo palabra alguna durante días. Había sido el único sobreviviente; nunca volvería a ver una cara conocida. Decidí ayudarlo con lo único que podía: a buscar su venganza.

Lo llevé con los miembros del Consejo de la Orden, y les dije que me encargaría de entrenarlo yo misma. Los primeros días no dejaba de llorar, y sólo hablaba cuando le preguntaba algo. Era bastante torpe, por lo que a menudo tenía que estarlo reprendiendo por dejar caer un cuchillo o por derramar la leche de marnu durante el desayuno. Cierto día le noté particularmente frustrado y decidí sentarme a platicar con él.

– Jasper, yo sé que no es fácil, pero–

– ¡Tú qué vas a saber! – me interrumpió – Crees saber cómo me siento, ¡pero nadie aquí puede saberlo, porque ni siquiera yo lo sé! – las lágrimas comenzaron a salir después de días de no haber derramado una sola – Ninguno de ustedes aquí sabe lo que es perder a todo aquél que había sido importante para ustedes frente a sus narices; ver cómo atraviesan a su padre de un solo tajo; ver cómo destrozan a su hermanita recién nacida por la mitad como si fuera un mondadientes; ver cómo su madre vuela tres metros sobre el suelo para caer y morir al instante rompiéndose el cuello. ¡Todo mientras estás escondido detrás de un estúpido contenedor de basura!

“Aunque creo que es justo… – Jasper comenzó a bajar la voz. Había estado gritando – Sólo la basura permanecería escondida mientras ve cómo matan a toda su familia; qué va, a toda su aldea. ¿Tienes idea del tiempo que tuvo que pasar antes de que juntara el coraje suficiente para que saliera y pudiese acercarme a mi mamá? ¿Lo que fue ver los intestinos de mi hermanita decorando el tapiz de la entrada? Qué vas a saber. Eres sólo unos cuantos años más grande que yo y ya estás con los rebeldes. Seguramente te peleaste con tus papis, huiste de casa y terminaste juntándote con quien no debías, ¿no? ¡Es por culpa de gente como tú que mis padres, mi hermanita y mi aldea entera estén muertos!

– Creo que ya fue suficiente.

No me había fijado en qué momento había entrado Will en la habitación. Claro que él era capaz de pasar tan desapercibido como quisiese gracias a la mejora, igual que yo. Cualquiera que hubiese completado el programa de entrenamiento como nosotros podía hacerlo. Mejoraban tus reflejos, tus capacidades físicas; dicen que hasta existía una mínima posibilidad de que desarrollaras habilidades psíquicas, pero eso era sólo un rumor. No había ningún registro de alguien que lo hubiese hecho.

– ¿Crees que nosotros estamos encantados de estar aquí? – continuó Will – ¿Que todo es rebanar kreel, tomarnos de las manos y sonreír? No te confundas, niño. El que tú hayas sido un cobarde incapaz de salvar a su familia no nos convierte en lo mismo que tú.

– Will… – traté de intervenir.

– Y deja que te diga una cosa, niño. ¿Mina? – dijo señalándome – De no ser por ella, el Consejo te habría dejado a tu suerte desde hace meses. Así que sé un poco más agradecido y muéstrale algo de respeto. Es la única aquí que votó en contra de que te abandonáramos y te diéramos una oportunidad de mostrar lo que puedes hacer. Todo porque Mina creyó ver algo en ti que nadie más pudo ver. Pero quizá vio más en ti de lo que en verdad vales. Dime, Jasper Wilbourne, ¿vales lo suficiente para quedarte aquí?

– Sí… – Jasper esperó un poco antes de contestar, con la cabeza gacha.

– No te escuché.

– ¡Sí! – Jasper alzó su cabeza y miró directamente a Will con un brillo que no le había visto antes. Will bufó.

– Pues eso está por verse. Por ahora discúlpate con Mina. Si vuelvo a enterarme de que te diriges hacia ella de esa manera, yo mismo te saco a patadas. – estaba a punto de salir de la habitación cuando se detuvo – No asumas el pasado de las personas que te rodean, niño. Todos tenemos nuestro propio infierno con el cual cargar. Sobre todo en tiempos como estos. – Tras decir esto, cruzó el marco de la puerta y desapareció de nuestro campo de visión. Permanecimos en silencio un par de segundos.

– Lo siento, Mina. No debí desquitarme contigo de esa manera. Will tiene razón, soy sólo un niño.

Lo miré limpiarse las lágrimas con el dorso de su mano, tratando de que yo no las viera. Sonreí levemente.

– No te preocupes tanto por lo que dijo Will. Puede que parezca un poco rudo, pero es la persona más noble y correcta que conozco. – Jasper continuaba viendo hacia otro lado – Además, aquí entre nos, él también votó por que te quedaras. – esta vez volteó a verme.

– No te creo.

– Te lo juro.

– Pero seguramente fue porque tú se lo pediste.

– No recuerdo habérselo pedido particularmente.

Entonces, por primera vez desde que le había recogido en aquel lugar inhóspito, le vi sonreír.

– Will, ¿dónde está Jasper? – repito; esta vez notando el temblor de mi propia voz. Entonces, Will me abraza, colocando una de sus manos en mi cabeza. «No… No es posible…» Comienzo a reírme por puro reflejo mientras siento las lágrimas asomándose a la vez que un nudo se tensa en mi garganta. – Will, dile a Jasper que ya desperté, que quiero verlo. – Con cada palabra, Will aprieta un poco más fuerte. Comienzo a gritar mientras siento el cuerpo de Will temblar a causa de sus propios sollozos.

Jasper… Jasper está muerto. Y es todo mi culpa; mía y de esta estúpida rebelión.

˙ o p ı ʇ u ǝ s   ǝ u ǝ ı ʇ   ɐ p ɐ u   ɐ ⅄

FIN.