De cuando Susana se fue sin avisarle a su esposo.

(Vato Perron suena en el fondo)

En Me estás matando Susana acabamos en nalgadas. De esas juguetonas, “tranquilitas, sobrias y cero paternalistas” que esconden cariño y ante las cuales, quien las recibe, contesta con un: “Suelta macho mexicano”. Usualmente esas palmaditas en las pompas son usadas para regañar, hacer ver qué se ha actuado mal. Ay Susana, ¿en qué te nos equivocaste?

Fue en el verano del 2016 que, el director Roberto Sneider, nos presentó a una pareja de vaivenes con los actores Verónica Echegui (Susana) y Gael García Bernal (Eligio). Susana, escritora; junto a Eligio, actor; forman un matrimonio que una noche se da cuenta que uno de ellos ha tomado su changarro y ha decidido irse sin avisarle al otro. No hay nota, guiño o pista, sólo ausencia. La de Susana. ¿A dónde se fue?

Durante la primera parte de la cinta, Eligio se ve como la víctima. Él ha sido dejado. Incluso marca por teléfono para reportar a su esposa como desaparecida y en la línea telefónica le reafirman ha sido una ida voluntaria. A partir de ese momento él intenta encontrarla por todos los medios posibles. En su mente mil y una historias que involucran escapes con algún amante.

Pues, no es posible que Susana se haya ido así y menos solita. Empezamos la cacería de mano del carismático Gael y dormitamos la primera noche en cama de otra mujer para encontrar esa migaja dejada por Susana que nos permitirá seguirla. Eligio está convencido, él no ha hecho nada malo, e incluso afirma estaban bastante bien como pareja. La encuentra del otro lado de la frontera, ahora es Susie. Ay Susie, ¿a qué te nos fuiste allá? ¿Con quién? En esa primera escena en que estamos frente a frente con nuestra Susana Ramírez que anda con copa en mano, atenta a un discurso, llega Eligio e interrumpe su brindis. Se le planta y le hace la pregunta venía arrastrando desde México. Susana le responde con un caótico, pero honesto: “porque me dio la gana”.

En ese momento yo me ahogué con el café que andaba tomando y solté una risita. Era de madrugada, pero aún así grité a la pantalla: "eso Susana". Había leído por ahí, que la película había gustado al público mujer porque veían un personaje que hacía sufrir a quien la amaba con sus acciones y, que eso era un empoderamiento femenino único. Según, que era el equivalente narrativo del famoso dicho traerlos comiendo de la palma de la mano. Si pudiera encontrar quién escribió tal comentario le proporcionaría esas nalgadas que tanto aplaudió al final.

No. El personaje de Susana no puede, ni debe, entenderse sólo a partir de las emociones de Eligio; lo digo porque su misma respuesta, al ver que su esposo la siguió hasta Estados Unidos, no fue la de: “porque no me querías” o “porque estábamos mal”. Susana, a pesar de existir dentro de la relación es más que la misma. Ella y Eligio son dos individuos completamente distintos que se entienden amando y no bajo aquello se permiten entre ellos. En toda la película, tanto Eligio como Susana, intiman con otras personas. Él único que arma un escándalo por esto es el macho mexicano, que incluso le llora hincado frente a la cama y le pide regresen a casa. Algo que es claro en la historia es que los dos se aman. Lo que no nos permite la película ignorar, es el cómo. Eligio va en busca de Susana para llevársela de regreso, porque la quiere, porque la necesita, porque la extraña y estaba preocupado, porque la cela, porque es su esposa, etc. Y antes de poder lograr su objetivo, Susana se vuelve a ir.

Eligio es una vez más dejado. Ya que se da por vencido, lo vemos en México con un taquito en mano, que me gusta pensar es de pastor, y confiesa a sus amigos un sueño que ha tenido recientemente de un posible reencuentro con su esposa en el que ella,  se le vuelve a ir:

“Y yo me quedo todo triste, melancólico, sabiendo que esta chava, la pinche Susana, era la compañera de mi vida. Pero antes de irse, se voltea la cabrona y me dice lo que nunca me dijo: Te quiero”

Una vez más el café se me va a la nariz y ahora grito: "eso Eligio". Dijo la palabra mágica. Susana era su compañera. No su objeto, terreno, accesorio, lo que sea hace referencia a posesión. Para cuando llegamos al departamento de Eligio después de la cena, Susana está ahí. Está sentada en el sillón, tan bonita como siempre y Eligio regresa con sus preguntas. “¿A qué viniste Susana?

La conversación que toma lugar en esos últimos minutos, la quiero guardar para cuando el lector dejé un poquito descansar Netflix y entre a otra plataforma con más pelis mexicanas para darle play a esta historia. Aún así, ahora es Susana la que, así como se ha ido, ha decidido regresar: por sí sola. Ahora ella debe reconocer en lo que se ha equivocado. Entre los dos (porque algunas cosas sí son de dos), acuerdan arreglarlo con unas nalgaditas, de esas tranquilitas y cariñosas que susurran con cada golpe un Ay Susana, me estás matando…