La cuarentena bajo las obras de Natalia Beristáin Egurrolla.

Lo familiar, para los que gustamos de estirar los pies sobre el mismo sofá día tras día, puede traducirse en zona de confort. Aquella que se extiende en la cuarentena y nos deja derretir frente a una pantalla usando la ropa de sueños anteriores y con los pequeños dedos del pie jugueteando por sí solos. En este vaivén de muebles, he descubierto que a duras penas me considero una persona cariñosa; que la palabra romántica sólo la uso si hay un tinte de ironía en la entonación. Tristemente, lo hago así, por delimitarla a lo que desde chica he reconocido como tal. Lo romántico era el terreno de una entrega descuidada y unilateral, lugar de los locos exploradores de nubes. Por ello, solita me metía el pie una y otra vez, bajo el supuesto de que una rodilla en el piso era más valiente que ceder a las cartas. Una tarde decidí soltar un poco la lengua y mandé, al otro lado de mi trinchera, una frase que yo había tomado de rehén de la película Los Adioses (2017):

“Porque si tú me dices no, para mi es no.

Y si me dices llueve, para mí está lloviendo”

¿Frase romántica o de guerra? La figura que lo dice, tanto en la película como en la vida real, es el de una mujer enamorada. Figura conocida y mangoneada por el ellos. ¿Habrá forma de hablar de lo supuesto conocido entendiéndolo desconocido? Si se tiene algo cercano a esto, se puede encontrar en las obras de Natalia Beristáin. Mujer que desde chica se familiarizó con el ambiente artístico, ya que su madre y padre se dedicaron a la actuación y por ellos descubrió la idea del amor al arte que más tarde enfrentaría por sí misma. En fin, Natalia creció para, de entre todas las cosas, volverse una gran directora de cine. En su obra ya mencionada, Los Adioses, el personaje principal es Rosario Castellanos.

Figura demasiado cercana a los que gozamos del español y de quien su voz nos resulta familiar. Tanto creemos saber de ella, que la obra parecería una repetición, un tanteo a ver qué tanto se acuerda una de sus clases de literatura ¿seríamos capaces de recitar un fragmento de Rosario Castellanos? Que equivocación la zona de confort, que trampa. Eso lo sabe Natalia y por ello presenta a Rosario sin delimitarse en las sombras.

En sus cintas No quiero dormir sola (2013) y Peces Plátano (2006) el acto de dormir se vuelve ajeno e incluso monstruoso. Para los personajes cerrar los ojos no significa descansar sino, vulnerarse, entregarse a una misma sin barreras. ¿Dormir se comparte? ¿Dormimos juntos? ¿al unísono? ¿en soledad? Sus cintas cuestionan qué tanto entendemos lo que aceptamos desde el día uno. Por ejemplo: en No quiero dormir sola, la ya establecida relación entre abuela y nieta se transforma cuando, Amanda (Mariana Gajá) y Dolores (Adriana Roel), se contemplan una vez más desde un lugar distinto y de pronto escuchar a Dolores durante la celebración de su cumpleaños decir “Soportaremos, soportaremos” cobra sentido y Amanda entiende más allá de lo moral qué es lo que quiere su abuela Lola, que es lo que le pasa.

Natalia Beristáin pone en duda qué tanto de nosotros existe porque realmente creemos en ello y qué tanto fue dado, incrustado en nuestras acciones. ¿Se es mujer? O ¿Se aprende a serlo? Las épocas, los contextos, los eventos se entremezclan en nosotros. Quizás el tiempo, lo único entendido por todos, no es lineal. Natalia Beristáin no es sólo directora, hija de actores, madre amorosa, mujer trabajadora, es algo más que se diluye entre sus obras y su compromiso a ellas.

Esta cuarentena, si el lector decide quedarse en su amado sofá es recomendable checar las obras hechas bajo su dirección que aparte de las ya mencionada son: La habitación (2016), varios episodios de Luis Miguel: la serie e Historia de un crimen: Colosio.